Opinión | Alex Vega

En México pasa seguido: se anuncian cambios en impuestos y presupuestos, pero la explicación nunca llega clara. Y cuando no se explica, la gente rellena los huecos con rumores: “que van a subir todo”, “que la seguridad quedará olvidada”, “que los programas sociales son lo único que importa”.
El Paquete Económico 2026 viene cargado de medidas que ya generan polémica. Suben los impuestos al refresco y al tabaco, y aparece un nuevo gravamen del 8 % a los “videojuegos violentos”. El gobierno asegura que no se trata solo de recaudar, sino de cuidar la salud y prevenir conductas de riesgo. Pero nadie sabe aún quién decidirá qué es “violento”, ni cómo se controlará algo que se descarga desde cualquier plataforma internacional.
En números grandes, el presupuesto supera los 10 billones de pesos. Los programas sociales son los grandes ganadores, las participaciones a estados y municipios crecen casi 15 %, y el Poder Judicial recibe un aumento tras su reforma. En contraste, áreas como salud, seguridad y educación —las que más preocupan a los ciudadanos en cualquier café o sobremesa— siguen sin el impulso que necesitan.
El gobierno insiste en que este es un presupuesto con “sentido social y humano”. Y sí: refuerza apoyos inmediatos, con resultados visibles y políticamente rentables. Pero deja en segundo plano lo estructural: un sistema de salud frágil, una educación sin inversión sostenida y una seguridad que sigue sin respuestas de fondo.
Desde Yucatán, uno escucha la misma conclusión en la conversación diaria: el Presupuesto 2026 parece atender lo que da votos, no lo que siembra futuro.
Por eso lo digo claro: no basta con que nos hablen, queremos que nos expliquen. Si no se dice fuerte y con transparencia, lo que se escucha es lo que más miedo da. Y en ese vacío, los rumores terminan siendo más poderosos que las cifras.
La discusión en el Congreso será decisiva: ¿se quedará este presupuesto en lo asistencial y popular, o logrará convertirse en una apuesta real para el futuro de México?
